Una y otra vez, las tardes suspendidas


Curaduría: Paula Bossa & Paul Sebastián Mesa

Detenerse ante un cuerpo de trabajo como aquel producido por Miguel Ángel Rojas entre 1972 y 1983, no solamente supone la interrogación de una serie de objetos, también en palabras de George Didi Huberman: “Es detenerse ante el tiempo. Es interrogar en la historia del arte, al objeto “historia”. Una y otra vez las tardes suspendidas ofrece una mirada a un momento fundacional de la carrera de Rojas en el que da inicio a la experimentación con el dibujo, el grabado y la fotografía, logrando cuestionar y expandir los límites de dichos medios. Motivado por una búsqueda personal, la instauración del proyecto artístico de Rojas que, en su fase inicial engendra trabajos de gran contundencia y que informará obras posteriores, visto desde la actualidad nos “libera primero el despertar.” Es decir, los trabajos tempranos de Rojas nos despiertan ante la historia de una ciudad y sus construcciones sociales con respecto al género, que debe ser escudriñada y problematizada. Al tratarse de una indagación artística concebida como un proceso liberador que responde a un llamado personal marcado por las diferencias frente a lo normativo, ésta se despliega como una confesión que evidencia aspectos políticos.

La práctica de Rojas emerge en un momento en que la sociedad colombiana se transforma gracias a la penetración de los medios de comunicación en la vida diaria, y a los procesos de urbanización y secularización. A nivel político, aunque el fin del Frente Nacional (1974) significó la posibilidad de un verdadero cambio, éste trajo consigo— entre otras cosas— la intolerancia hacia la disconformidad en la política. Durante la presidencia de Julio Cesar Turbay Ayala (1978-1982), dicha disensión se agudiza gracias a la implementación de su criticado Estatuto de Seguridad, el cual buscó contrarrestar la actividad subversiva.

Las profundas convulsiones sociales y económicas que sacudieron a la Bogotá de los años setenta se presentan en los cambios que sufren los teatros del centro. Estos pasan de ser importantes lugares de encuentro, a espacios clandestinos y de evasión que sirvieron de refugio para quienes no tenían lugar en aquella capital recatada. La experiencia anónima y disimulada de los cinemas, permitió un distanciamiento de la ley imperante, lo que para Rojas implicó mirar críticamente su contexto y su diferencia frente a lo normativo. Allí realizó un cuerpo de trabajo fotográfico que, simultáneamente se desplegó a otros medios como el grabado y el dibujo, convirtiéndose en la base de un proyecto artístico, ético y político fundado bajo las reflexiones y experiencias de los cinemas bogotanos.

El título de la exposición Una y otra vez las tardes suspendidas— una frase que aparece en una de las fotografías de Rojas realizada en 1979— no solo hace alusión al cine y a ese tiempo ilusorio que lo caracteriza, también se refiere a quien es cautivado por la pantalla, buscando evadir la ciudad moderna y tomar distancia para reflexionar.

La actitud de Rojas frente a la obra y la metodología que la rodean, supera la mirada etnográfica ligada al documento icónico; esta se materializa en su libre experimentación técnica con diversos medios, a la vez que presenta una idea de lo político como ejercicio de reflexión profunda y sensible que dista de propuestas y actitudes panfletarias o populistas. En palabras del artista su búsqueda se explica: “… bajé a los sótanos más oscuros de mi experiencia, sumergiéndome nuevamente en las penumbras urbanas, no ya en busca del placer y la evasión, sino con el firme propósito de encontrar en ellas, tomando la distancia y mirada desde afuera, aquellas situaciones vividas una y otra vez en esas tardes llenas de emoción y riesgo”.

Una revisión de las imágenes que conforman la exhibición Una y otra vez las tardes suspendidas al igual que el contexto social, político y cultural que las gesta, nos revela la manera en que la mirada del artista se concentra en las experiencias de lo cotidiano. Éstas las analiza de manera crítica, permitiendo una reflexión del mundo donde categorías como género y raza atraviesan discusiones sobre lo económico, social y cultural. No solo es la mirada de quien asiste al cinema como espectador y cinéfilo, también es aquella de quien vive la vida social, cultural y política desde el margen. Las obras dispuestas en estas salas son el inicio de un proyecto artístico, producto de una mirada sensible y certera sobre la sociedad, el contexto y las realidades de una ciudadania segregada; la comprensión de esta actitud, complejiza las obras dispuestas en la exhibición. Lejos de la rapidez que reclaman las nuevas tecnologías y los medios de comunicación, las obras expuestas invitan a dejarse capturar por la confluencia de temporalidades que en ellas habitan. Nos permiten darle lugar a nuestras ficciones en un mundo que se levanta con la sensibilidad de la mirada de quien se ha dejado capturar por las tardes suspendidas.

Paula Bossa

Paul Sebastián Mesa

[1] Georges Didi-Huberman. Ante el tiempo, Historia del Arte y anacronismo de las imágenes, (Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2008), 35.

[2] Ibid. 166.

[3] Maria Mercedes Herrera Buitrago. Emergencia del arte conceptual en Colombia (1968-1982), (Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2011), 135.

[4] Miguel Ángel Rojas, “Las tardes suspendidas” en series Faenza Cinemas en www.miguelangelrojas.com dic/2018