nervio



Nervio retoma la colaboración entre los artistas Liliana Sánchez y Santiago Díaz- Escamilla iniciada en febrero de 2020, cuando por primera vez su trabajo fue dispuesto en el espacio expositivo de Casas Riegner de manera asociativa bajo el título Ser, Dejar, Estar. Algunos intereses compartidos y el carácter procesual y latente que caracteriza la práctica de ambos artistas, los llevó a desarrollar una obra conjunta que buscó desestabilizar la noción de objeto. Igualmente, Sánchez y Díaz- Escamilla se dieron a la tarea de hacer un afiche en las instalaciones de la imprenta Relámpago en Bogotá, cuyo resultado—mediado por su resistencia al formato impreso tradicional tan distante a la práctica de ambos artistas— fue una serie de siluetas grabadas sobre linóleo que incluso acogió las pruebas y errores de todas las impresiones realizadas.
Dichos linóleos producidos hace dos años, en los que formas amorfas parecen flotar o escurrirse del papel, por accidente hoy se convierten en desestabilizadores materiales y conceptuales que abren paso a la creación de una exposición experimental, que en palabras de Sánchez pone sobre la mesa: “una serie de preguntas en torno a la creación artística, el hacer y otras formas de investigar que no están implícitas en un plan de trabajo”.
Lejos de presentar una curaduría con una investigación previa y un objetivo final,
Sánchez y Díaz-Escamilla construyen nervio como un “circuito de situaciones” o una gran obra que responde al espacio arquitectónico y conversa de manera intuitiva con el corpus de obra robado de Luisa Ungar, y con obras de carácter aparentemente incompleto de Alex Rodríguez, Luis Roldán, Adolfo Bernal y David Peña. A manera de “imán que arrastra” explica Díaz-Escamilla, las piezas gráficas dispuestas en varios puntos del espacio, se nutren de las obras objetuales de los cinco artistas y como ecos reverberan y desubican al espectador.
Nervio es un espacio de pensamiento, una experiencia atípica de un espacio expositivo que articula una noción de “colaboración” que sobrepasa la simple realización de una acción conjunta. Para Sánchez y Díaz-Escamilla, la colaboración se entiende como “una presencia que desestabiliza a otra” y en la que la incertidumbre siempre está implícita. Si bien retadora, la colaboración entre los artistas luego de dos años de pausa y distancia, trajo consigo un renovado espíritu y libertad, traducidos en un escenario de juego en el que el azar marcó un destino.

Paula Bossa