Baja Resolución


Cientos de pequeños cuadernos de anotaciones han acompañado a Bernardo Ortiz a lo largo de dos décadas. Plagados de ideas, el artista extrae una selección de apuntes, sobre los cuales construye cada una de sus exposiciones. Si bien, ese proceso de construcción de la muestra—que inicia con los escritos que se desarrollan y materializan en el estudio—culmina con el reconocimiento e interacción del espacio expositivo, pues para Ortiz es fundamental contemplar el entorno arquitectónico en relación a su trabajo; un trabajo que viene transitado los mismos territorios conceptuales desde hace años, pero que en cada exposición se reanuda con coherencia e innovación.

Baja Resolución, la cuarta exposición individual de Ortiz en Casas Riegner, ahonda en conceptos que desde muy temprano en su carrera han inquietado al artista y que de manera recurrente aparecen en sus pequeños cuadernillos. Es de resaltar su profundo interés en la imagen como resultado de un conjunto de soluciones técnicas y materiales que es antecedida por una superficie opaca. El título Baja resolución por lo consiguiente, apunta a esa naturaleza específica de una imagen y los detalles finitos (o pixeles) que ésta contiene; los pixeles que conforman una imagen en baja resolución constituyen una suerte de mini-mosaico de un solo tono de color, lo que hace que la superficie de esa imagen se vea opaca. Es precisamente la opacidad de ese plano y su estado de imprecisión lo que seducen al artista.

Reuniendo principalmente obras pictóricas en formatos variados, realizadas sobre lienzos y papeles translucidos algunos de los cuales son instalados sobre una serie de estructuras en balso de madera, Baja Resolución responde a la fascinación del artista con la pintura abstracta. Siempre abordando la pintura desde una mirada exógena, Ortiz entrecruza su pensamiento pictórico con una noción de “pagina” que en palabras del artista actúa como: “un soporte material pero también como un espacio discursivo” en el que diseño, dibujo y escritura se fusionan. Por lo general, Ortiz interviene ese soporte de formas aparentemente mínimas y sutiles, estableciendo una relación incómoda entre el formato y los medios que utiliza; a veces dibuja líneas muy delgadas realizadas con lápices muy duros sobre los hilos finos que conforman el lienzo, otras veces aplica múltiples capas de gouache sobre el soporte logrando que la misma materialidad del pigmento supere el peso de la pagina. Todas sus estrategias formales, sin embargo, insinúan el paso del tiempo a la vez que plantean preguntas acerca de ese territorio complejo llamado “superficie” o “pagina.”