Planas


Reuniendo 365 dibujos realizados a lo largo de 2005, la muestra no sólo explora la cercanía de su práctica con la noción de diario personal, sino también el compromiso incansable de su obra: cumpliendo con la premisa de realizar un dibujo diario, Suárez Londoño trabaja durante sus vacaciones familiares, en aviones o mientras espera en la oficina de correos. La alusión a planas se debe tanto a las hojas de cuaderno escolar en las que realiza gran parte de estos dibujos, como a la noción de ejercicio, de reproducir una figura una y otra vez, buscando perfeccionar y seguir aprendiendo del medio que lo ha fascinado desde la infancia.

Los diarios de Suárez Londoño, en donde el dibujo se mezcla con anotaciones y rastros de la cotidianidad —como facturas, los boletos de entrada a un museo o muestras de pintura— han sido una constante en su práctica por más de 30 años. Al exhibir 365 dibujos o “planas”, una obra de gran envergadura que sin embargo resulta solo un pequeño fragmento, Casas Riegner busca entrever la inconmensurabilidad del trabajo de este gran dibujante paisa.

José Antonio Suárez Londoño (Medellín, 1955) estudió Biología en la Universidad de Antioquia en Medellín y tiene un posgrado en Arte del Ecole Supérieure d’Art Visuel en Ginebra, Suiza. Entre sus exposiciones destacan: 32 Bienal de São Paulo, São Paulo, Brasil (próxima); Todo sobre la mesa, Casas Riegner, Bogotá, Colombia, 2015; “Why Abstract Art?” (¿Por qué el arte abstracto?), Casas Riegner, Bogotá, Colombia, 2015; Muestrario, Museo de Arte Moderno de Medellín, Medellín, Colombia, 2015; Muestrario, CAPC musée d’art contemporain de Bordeaux, Burdeos, Francia, 2015; Muestrario, La Casa Encendida, Madrid, España, 2015; Saber Desconocer, 43 Salón (Inter)Nacional de Artistas, Medellín, Colombia, 2013; 55 Bienal de Venecia, Venecia, Italia, 2013; y The Yearbooks, Drawing Center, Nueva York, EEUU, 2012.

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Planas

José Antonio Suárez Londoño se ha dado a conocer por su inmensurable labor de dibujante miniaturista, la que hace más de cuarenta años asumió como modus vivendi gracias a un diccionario Larousse y un libro de su madre con pequeñas reproducciones de obras icónicas del arte occidental. Asimiladas desde el dibujo, esa multiplicidad de imágenes y su continua reproducción manual como ejercicio autoimpuesto, dieron forma a una mirada artística que ha marcado la evolución del dibujo en Colombia. Experiencias imborrables suscitadas por personas que llegaron a su vida de manera fortuita y un anhelo desbordado por perfeccionar su oficio de dibujante, lo llevaron a la Escuela Superior de Artes Visuales de Ginebra, donde se destacó por su dedicación y excelencia académica.

En las aulas suizas, los cuadernos y libretas de dibujo se convirtieron en los depositarios de sus pensamientos, aconteceres diarios y ejercicios. Nunca abandonó dichos soportes, por el contrario, continuó explorándolos hasta comprobar que eran los idóneos para dar forma a un universo íntimo y de nunca acabar, repleto de figuras, líneas y anotaciones que se entretejen, creando analogías y narraciones poéticas, abiertas a múltiples interpretaciones.

Ya son miles los dibujos plasmados en cientos de libretas, cuadernos y hojas sueltas que conviven con el maestro. A ellos se le suman centenares de grabados y sellos tallados en borrador que dan cuenta de una entrega absoluta a su quehacer artístico, aquella que se da solo cuando se es disciplinado y metódico.

Así, impulsado por una voluntad de hierro, este eterno aprendiz se embarca en la colosal tarea de registrar el transcurrir del tiempo en Planas, uno de sus múltiples anuarios que consta de 365 dibujos realizados entre enero 1 y diciembre 31 del 2005 sobre hojas de cuadernillos de caligrafía para niños coleccionados a lo largo de los años. Seducido por las líneas de color de las hojas, la calidad del papel y su formato grande, Suárez Londoño se impone el reto de dibujar diariamente durante el año 2005 buscando adiestrarse, como de costumbre, en el manejo del dibujo.

Un dado, tres parejitas de luchadores en diversas escalas, la presencia de la palabra “lucha”, el estudio de sus manos, los perfiles de dos hombres desconocidos, líneas en forma de remolinos, unos cuantos circulitos de colores y el título de la famosa canción de Cat Stevens “The first cut it the deepest” acompañada de un diminuto hombre desnudo con una mancha oscura que le brota del abdomen, despliegan y presagian un año de matices contrastantes. El lenguaje figurativo de dicha plana muy propio del artista con sus formas exquisitas, juego de escalas, palabras y colores dispuestos sobre un espacio que excede las proporciones de las hojas de las libretas de bolsillo que el artista suele utilizar, se extiende al resto de planas, haciendo de esta serie un cuerpo de trabajo que revela los avatares de la vida de quien emplea el dibujo como su única forma de existencia.

Ese dado, el pequeño cubo tan común al que muchos nos hemos enfrentado en momentos de esparcimiento incluso desde la infancia, figura en el primer día del 2005 como símbolo del azar que guía el destino del artista. Suarez Londoño lanza su dado y nosotros junto a él nos convertimos en testigos del desenvolvimiento de su camino. Así, un año en la vida del maestro se convierte en un extraordinario relato en donde dibujo tras dibujo, vivencia tras vivencia, nos lleva a navegar pausadamente por un río de conversaciones íntimas del artista con la historia del arte, la música, la literatura, la fantasía, el diario acontecer, sus familiares, su sobrino Tomás, viajes, sueños y frustraciones. No es casualidad que el último día del 2005 finalice con la imagen de un pequeño bote y un niño pensativo sentado sobre una larga banca. Esa barca zarpará y a bordo de ella el pequeño navegante la conducirá para revelarnos nuevas aventuras.