Yo, usted y el Clan


Miguel Ángel Rojas, uno de los grandes nombres del arte contemporáneo colombiano y latinoamericano, pasa a la historia gracias a la configuración de un proyecto artístico y ético, marcado por una mirada crítica y sensible, de quien vive la realidad socio-política y cultural del país desde el margen o “la otra orilla”.  Dicho universo plástico ha sido configurado a partir de formalizaciones que resultan de experimentaciones técnicas y materiales, atravesadas por profundas reflexiones en torno a problemas humanos de carácter personal y colectivo.

La exposición Yo, usted y el Clan, concebida como una pequeña retrospectiva que ha sido estructurada en cuatro ejes temáticos—orígenes, eros, guerra y ecología—que se entrelazan entre sí, no solo cobija procesos personales del artista, también aborda las diferencias raciales, ideológicas, económicas y de clase que, desde tiempo atrás han marcado la realidad colombiana. Yo, usted  alude a esa dualidad inherente a todo el trabajo de Rojas quien desde muy joven ha habitado la diferencia. El Clan por el contrario, designa la gran fuerza del narcotráfico que por un lado se interpone en la legalidad afectando la normalidad de todos y por otro, genera una doble economía, fracciona el ámbito político, y supone una amenaza para el medioambiente.   

Hacia finales de los años 60 y antes de ingresar a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia, Rojas se adentra en el mundo de la fotografía, en parte impulsado por el recuerdo de un padre con un gran sentido estético y muy hábil para hacer retratos familiares. Mientras exploraba los límites de un medio que en aquel entonces no era considerado arte, Rojas registra las experiencias de homosexuales en los teatros de cine en su mayoría del centro de Bogotá (Mogador, Lux, Imperio y Faenza), conformando uno de sus trabajos más revolucionarios. La exploración ingeniosa de una comunidad anulada por la sociedad, cuyo registro desenfocado se alejó de ser una mera documentación fotográfica, fue a su vez una indagación sobre su propio sentir y pensar que luego fue entretejida con múltiples recursos técnicos como el grabado, el dibujo, las reducciones fotográficas, y la instalación. 

En los años 80, buscando alejarse de la rigidez de la imagen fotográfica explorada a profundidad en la década anterior y anhelando renovar sus procesos artísticos, Rojas vuelca su mirada hacia piezas de carácter instalativo, los revelados parciales—cuya exploración supuso una apertura hacia el expresionismo— y el medio de la pintura. Si bien dicha etapa fue algo desestabilizante para el artista, también trajo consigo la comprensión y concreción de nuevas ideas que posteriormente en los inicios de la década del 90, lo llevaron a emplear un material tan simbólico como la hoja de coca para expresar su sentir sobre las dinámicas del narcotráfico; asimismo, empieza a plasmar su preocupación por los temas medioambientales como consecuencia del conflicto armado.  

 

Con tan solo nueve años, Rojas descubre su fascinación por la naturaleza a través de las piedras y del acto de coleccionarlas cuando en el solar de la casa de su padre en Girardot, encontró un fósil con la huella de una larva. A través de este descubrimiento y de los paseos dominicales por carretera a Tocaima en compañía de su familia, Rojas despierta una profunda consciencia ambiental que, en los inicios de los años 90 y hasta la actualidad, lo impulsan a realizar una serie de trabajos técnicamente innovadores que en la exposición ocupan un lugar sacro; en su exploración de la ecología, hacen una denuncia sobre los efectos devastadores del conflicto armado, el impacto de la minería y de la desprotección de los páramos y sistemas de agua de los Andes. 

 

Al referirse a esa pulsión que impulsa su práctica artística, Rojas sostiene que “todo llega por los ojos, a través del contacto que uno tiene con el mundo.” Las vivencias del artista, su sentido de responsabilidad y compromiso con los problemas que aquejan al país, aunados con su gran sensibilidad y destreza plástica para manejar la imagen y materia de manera armónica, lo conducen a narrar la emotiva historia de su relación con el mundo, aquella que desde hace más de cincuenta años escogió tejer y relatar desde el arte. 

 

Paula Bossa