Iovino, María, “Sobre el hecho de insuflar”, Galería Casas Riegner, 2007
En Insufflare Rosario López amplía, con otra instrumentación, la observación sobre lo aéreo, lo móvil y lo mutante que fundamenta el proyecto escultórico desarrollado con el apoyo de la fotografía. Este ha sido el medio en el que por espacio de diez años, la artista ha registrado y ofrecido visibilidad a los cuestionamientos con que su obra se enfrenta a conceptos tales como matriz y permanencia, basamentos del proceder en la escultura. Al controvertir esos preceptos, de manera simultánea, la artista traslada la convención bidimensional de lo fotográfico al espacio tridimensional y, por lo mismo, circulable y vivencialmente modificable de lo escultórico, situación con la cual confronta también, la solidez de la escultura.
Lo que señala Rosario López con el recurso fotográfico, no es lo corporal detenible, congelable, apresable e incluso registrable de lo que comúnmente tratan la fotografía y la escultura. Por el contrario, su observación se enfoca en lo indeterminable y cambiante de lo visible, e inclusive de lo invisible; es decir, aquello que no se logra precisar siquiera en la idea de instante o de momento en la que se edifica la noción de registro o captura.
El movimiento como constante y como poder que arma, y al tiempo deshace lo formal, y por tanto, como fuerza que insufla, da orden y lógica transitoria a lo existente, es la esencia en cuya inteligibilidad se interna esta obra.
De allí, paralelamente nace una importante consideración sobre lo estructural como asunto, antes que permanente, flexible y cambiante. De esta manera la artista conecta la idea o posibilidad de la estabilidad a la constante movilidad-mutabilidad, en una instancia en menor medida perceptible, cuestión que también expresa la coexistencia (tirante y armónica) de diferentes tiempos, ritmos y velocidades en un mismo momento presente.
Es lógico que el paisaje y, en él, la noción de inmensidad y vacío constituyan el escenario ideal de esos acontecimientos.
En el vacío que acoge el paisaje, y a través de las mínimas intervenciones que hace la artista, se devela con claridad y potencia la complejidad de elementos, movimientos y relaciones contrarias que promueven la variación sin pausa de lo visible, así como el juego que da forma ocasional a lo invisible. Ello, siempre afectando toda noción de matriz o de patrón.
En la gigantesca escena que marca con radicalidad la línea del horizonte enInsufflare, se revelan las condicionantes en que una tela de grandes proporciones se eleva y transforma continuamente por la acción del viento y de otras fuerzas no visibles. Entre ellas gana decisiva importancia la de la gravedad, bien cuando ella se apodera de la matriz (la tela), en la que las corrientes aéreas ofrecen cambios constantes, para retenerla a la plataforma que hace la tierra, o bien, cuando esa fuerza es vencida por la velocidad de lo aéreo, y así se logra la mágica elevación de un cuerpo que, aún palpitando con el mundo y en él, carece de sujeción o de pedestal.
Pero además este trabajo revela con lucidez el hecho de que por estar en un lugar específico, por amplio e inconmensurable que éste sea, el cuerpo que modula el viento en él, recibe su voz cuando se insufla. Al ser una matriz abierta, le permite a ese receptáculo del movimiento testimoniar la infinidad de acciones que sucesivamente van definiendo al acaecer presente. El cuerpo insuflado se comprende así, con toda claridad, como contenedor provisional de las fuerzas y formas que pueblan el lugar, para hablar abstracta y agitadamente de los agentes que atraviesan y modifican el espacio que se reconoce como vacío. No obstante, es imposible establecer un momento en esa acción que sea el definitivo. No existe la opción de captar en el cuerpo expuesto al viento, algo más que indicaciones de imparable transformación, como señales de lo que concurre en ella: gravedad constante y flujo de fuerzas múltiples, por lo general, en contradicción.
Ese ha sido uno de los señalamientos más sutiles de la obra de Rosario López y la lectura poética que domina su exploración, la cual se ha ampliado serie tras serie, para incluir cada vez mayores consideraciones sobre la información disuelta y abstracta que circula en el vacío, y que por esa misma razón es de complejo acceso. Insufflare edifica en ese difícil examen, la metáfora del eterno y renovado soplo que anima la vida a partir de la reunión serena y convulsa de todo aquello que transcurre.
No es correcto por lo mismo, como se ha propuesto en diversas oportunidades, leer en la propuesta de Rosario López una búsqueda ceñida al paisaje o la naturaleza, pues esos dos tópicos en esta obra son herramientas constructivas y no el foco de la reflexión. El paisaje es un elemento decisivo de este trabajo pero no desde lo concreto que hay en él sino, desde lo que permite percibir su atmósfera. O de otra manera, el paisaje es una referencia central de la propuesta de Rosario López, antes que en su forma, en lo que él informa.
Desde que empezó su investigación escultórica en el campo abierto, la artista ha seguido con la cámara fotográfica y desde diversas aproximaciones, el sentido del viento en el vacío en lo más inmenso que se puede detectar con ese instrumento. De esa manera ha insistido a través de secuencias de imágenes, que hay una lógica que el aire transporta, que si bien no es visible, sí es descifrable a través de lo visible, más aún cuando su dinámica de cambio se acelera.
Trampas de viento fue el primer proyecto que abordó ese territorio, razón por la que se centró especialmente en la trayectoria que sigue el viento, como en lo que él surca en el espacio vacío. Paralelo a la reflexión sobre el viraje insistente en las direcciones de las corrientes, esta obra abrió camino a la expresión de las potentes contradicciones y de los magnos encuentros que se verifican en esa presencia aparentemente serena que puede haber en un horizonte inmenso, deshabitado y supuestamente calmo.
En las primeras indagaciones, Rosario López detectó y fotografió, en diferentes espacios y contextos -en los que la alianza con el viento es fundamental para el manejo del medio ambiente-, las trampas que se construyen en el paisaje para clarificar el sentido dominante de las corrientes que circulan y se estrellan en la naturaleza. Por ello, en los trabajos iniciales de la serie, domina la idea fotográfica de sentido o de trayectoria de una manera que podría entenderse univocal, la cual la artista cuestiona casi de inmediato.
De allí que en Trampas de viento, Rosario López hubiera construido las trampas que dispuso a prueba en diversos paisajes, a fin de que en ellas se manifestaran de formas diferentes las contradicciones que dan forma a un modelo en su interior y exterior, y que le imprimen, así sea de manera siempre distinta, los condicionamientos del lugar. A ello se debe en esta serie la insistencia fotográfica de una misma trampa en diversos escenarios: zonas costeras, llanuras y zonas montañosas.
Esa abstracción brindó conclusiones de mayor amplitud y complejidad, que sigue desarrollando, desde otro tipo de elaboración el proyecto Insufflare, que en estricto sentido representa otra forma de elucidar sobre la voz del vacío a partir del comportamiento de una nueva versión de trampa. En ésta, la artista amplía exploraciones que le habían permitido ahondar (en trabajos anteriores), los cuerpos ondulantes y los grandes cortes de textil, como materiales en los que el movimiento al pasar, manifiesta, amplia e indiscutiblemente, la apariencia del lugar. En consecuencia enInsufflare, como en las últimas Trampas de viento, Rosario López favorece, entre la enorme secuencia de registros, aquellos en los que además, se revela o se dibuja, con mayor claridad, el paisaje que surca o atraviesa el viento.
Con estas proposiciones la artista ha posicionado, sin un discurso y sin una retórica, una consideración trascendente sobre lo que implica y condiciona un contexto, así como sobre el valor del eco. Con una fina metáfora y a través de reflexiones de honda penetración, Rosario López afirma que todo aquello que habita o sucede en un lugar es el patrón de su futuro; o de otra manera, que lo que arrastra el viento hacia un cuerpo expuesto a él siempre será el reflejo de lo preexistente, así como que siempre y de manera indefectible se manifestará la memoria y la dinámica del lugar.
Las variaciones que puede haber en ello dependen siempre de lo que marquen los sitios por donde pasan las corrientes que dominan el movimiento. Es en el extremo desde donde provienen las fuerzas vencedoras, desde donde se preforma lo que aguarda el impulso que insufla o que anima, cuestión que advierte de paso la posibilidad de señalar la forma futura de la matriz expuesta a registrar los cambios, si la atención se centra en el juego de fuerzas y tensiones que surca el vacío.
De cualquier manera es observable que las tensiones no son estables, que se comportan en una relación cambiante y de manera importante impredecible, en la medida en que dependen de variables que están conectadas a ellas, que vienen del infinito, de la circulación permanente del tiempo en el espacio, y de las cuales no se tiene noticia por el hecho de estar por fuera del circuito de visión en que tiene centro la mirada. Este señalamiento comporta otra ampliación filosófica que hacen tantoInsufflarecomo Trampas de viento, en relación con el punto de vista en que se radica el espectador de todo acontecimiento. Las dos obras hacen importantes acotaciones sobre el valor de la óptica desde donde se hace la lectura de los eventos. Sin embargo, Insufflare es la que profundiza en ello, al proponer en la lectura del suceso, la reducción de la incidencia del valor de la gravedad, por la elevación del cuerpo moldeado por el viento.
En ese mismo sentido Insufflare advierte acerca del filosóficamente significativo incremento de la velocidad de cambio o transformación de la matriz que acaece con la pérdida de sujeción a la gravedad, lo que conlleva la elevación a otro lugar y otro tiempo en el que ganan relieve las nociones de levedad y libertad. De ello se desprende una conclusión sobre la mayor continuidad de patrones que corresponden al mayor contacto con el peso de gravedad.
Es natural entonces que Insufflare profundizara en la evaluación del papel inestable que desempeñan las estructuras, que ya había ganado significativa atención en Trampas de viento. El ejercicio que mejor visibiliza el origen de esa inquietud puede ser el de la manta ubicada junto a la costa, en la que se proyecta la ondulación marina.
En un video realizado por la artista para su primera video instalación (Trampas de viento, 2003) registró, en un horizonte marcado por el corte fotográfico de la manta, el continuo y cambiante oleaje del mar. La manta (reflejo) y el mar (acontecimiento) parecen un mismo cuerpo debido a la óptica de la toma. Ello, a pesar de estar la manta a cierta distancia de la costa, instalada allí para testimoniar en el paso del viento que la cambia continuamente, como para registrar con ello la no exacta pero perceptible continuidad de lo que precede. Esa misma experiencia se clarifica en las fotografías realizadas por la artista a la misma instalación, en las cuales se percibe además en la matriz (la manta), una conformación irrepetible, a pesar de estar insuflada por un mismo cuerpo, que también se manifiesta de manera siempre cambiante.
Es claro entonces que desde el comportamiento que adopta la manta avance una reflexión sobre el gesto presente, único y fugaz, que imprime alteraciones al formato, que le da calidades, apariencias y potencialidades particulares. A su vez, ese inserto que es la manta en el paisaje, dialoga con él y lo transforma, le devuelve una imagen que también él debe procesar. Se descubre de esta manera un mutuo accionar cambiante entre lo dado y lo creado en el que de nuevo el movimiento y la transformación son la única constante.
Desde el aporte ofrecido por las experiencias acumuladas en Trampas de viento, Rosario López examina en Insufflare con lógica consecuencia, la fuerza que detiene y que enraíza, que es la de la gravedad, a la que logra vencer la conjugación entre velocidad y vacío. De esta manera la artista rompe para ese cuerpo insuflado que todo lo contiene (la información visible y la invisible, así como la estructural en general), la atadura del soporte y con ello, la ligazón al peso y al estancamiento que tanto ha incomodado a la historia del arte y a la del pensamiento.
De esta manera la artista lleva a un lugar muy personal y en su delicadeza y transparencia, eminentemente femenino, a los que han sido sus referentes de creación. Esto sin argumentaciones ni premisas de género. Entre esos referentes, el primero que cabe mencionar es el pintor Carlos Rojas, quien fue uno de los pocos artistas que concentró en Colombia la mirada creativa en el problema de lo geométrico, y el primero en ocuparse del tema de la destitución de la geometría frente a la diversidad de las circunstancias de su contexto, o de humanizar los ideales constructivos de la perfección, a la luz de su propia realidad, bajo la premisa del paisaje.
En el mismo orden de importancia se encuentran creadores de ruptura que Rosario López ha estudiado atentamente como Marcel Duchamp. Parecería que lo más importante que ha atendido de este artista es la multiplicidad de facetas que su propuesta aborda, en función de la “real” observación de la realidad y de lo estructural, que generalmente se deja de advertir en medio de la tiranía de lo retiniano. Al lado de Duchamp, para la artista ha desempeñado una influencia determinante la obra de Piero Manzoni, para quien la tierra misma girando sobre sí misma en el vacío infinito era la única escultura con posibilidad en este mundo de librarse de un pedestal, como lo expresó en su obra Soclo del mondo.
Esas influencias en la obra de Rosario López han pasado por el tamiz de creadores que replantearon de manera significativa el lugar de la escultura en conjugación con la naturaleza y con lo orgánico de la existencia, como Eva Hesse y Robert Smithson, y principalmente, como los latinoamericanos Lygia Clark, Gego, Anna María Maiolino, Helio Oiticica, Víctor Grippo y Gabriel Orozco, pensadores, además del asunto estructural y de lo mutante que conlleva el movimiento, de la inobjetable importancia del contexto.
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María Iovino Moscarella.
Estudió Artes y Derecho, cuenta con una especialización en Crítica de Arte. Se ha desempeñado como Directora y Asesora de diversos proyectos educativos y culturales presentados en museos de Colombia, América Latina y Europa. Es una de las investigadoras seleccionadas por el proyecto Recovering Sources of Latin American Art, coordinado por Mari Carmen Ramírez en el Museo de Bellas Artes de Houston. En la actualidad, además de su actividad como curadora, prepara la publicación de un libro dedicado al trabajo de Fernell Franco. Entre sus mas recientes proyectos se destacan: Antes de que el mundo fuera dedicado al dibujo de Luis Roldan. Contratextos, una reflexión sobre la fotografía contemporánea en Colombia (Miguel Ángel Rojas, José Alejandro Restrepo, Oscar Muñoz y Fernell Franco ). Contra el olvido, desarrollado dentro del Primer Foro Internacional de Paz y Justicia Restaurativa (Colombia). Fernell Franco, otro documento. Volverse aire, dedicado a la obra de Óscar Muñoz. El Universo en caja, dedicado a la obra de Bernardo Salcedo.
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