Junca, Humberto, “Adentro y en medio”, Galería Casas Riegner, 2006
Mateo López estudia un año de arquitectura y se aburre. Lo único que le gustaba era hacer maquetas. Pero se desilusiona al ver el campo de acción de la carrera tan estrecho: “La arquitectura le exige a uno manternerse dentro de los límites; y yo quería romperlos e imaginarla como algo no construible, como eso que está detrás… la transformación del mismo espacio”.
Mateo se pasa entonces a estudiar Artes, sin embargo no abandona su interés por la arquitectura y sus maneras. Su tesis de grado en 2003 la cual tituló ‘Dibujo y Memoria’ estaba conformada por una serie de ‘planchas’ terriblemente detalladas e hiperrealistas realizadas en tinta con rapidógrafo, de varios lugares transformados por el tiempo, cercanos a la ruina. Un lote baldío de suba, el Hotel Continental abandonado, la estación del Tren en Usaquén… La tesis de Mateo sorprendía por el rigor, la disciplina y su valiente decisión al emplear el dibujo (dibujo técnico, podriamos decir) como medio, en un momento donde los mix-media, lo digital, lo experimental y lo conceptual (es decir, la idea y el mapeaje) parecen imponerse frente a la manualidad y a la aparente sencillez de artes menores como el dibujo. Sin embargo su tesis no caracía de concepto. ‘Dibujo y Memoria’ no era un mero ejercicio formal. Lo que daba tensión y cierta incomodidad a sus representaciones, es que eran dibujos incompletos, rotos, inacabados, ruinas de ruinas… memorias de una mala memoria, calcos obsoletos de lugares obsoletos, realizados de manera obsoleta.
Así el jóven artista ingresa en la lista de arquitectos-artistas (Bernardo Salcedo, Beatriz González, Miguel Ángel Rojas) quienes, señala Miguel Huertas (1), han cambiado la naturaleza del arte en Colombia, al hacer que la pintura se salga del marco y habite ‘lo real’, lo urbano, lo arquitectónico. Apunta Huertas que de tal manera estos creadores dan cabal cumplimiento en nuestro país, y a veces de forma totalmente intuitiva, con la misión de la vanguardia histórica de unir Arte y vida. Así mismo observa que el vínculo entre la arquitectura y el Arte puede rastrearse hasta la Grecia Clásica, pasando por el Renacimeinto, momento en el cual aparece tanto la idea de infinito, como de otros conceptos abstractos, matemáticos, que ayudarían a construir los parámetros universales de cultura, ciudad y sociedad.
Tu vida es puro teatro.
Quiero subrayar aquí la aparición en el Renacimiento de lo que Erwin Panofski (2) llama ‘cubo escénico’ como origen de la arquitectura moderna, pero también como el resultado del desplazamiento del individuo, del campo (un ‘espacio natural’ dado), a la ciudad (un ‘espacio artificial’ costruido). Es esta idea del espacio urbano como ‘cubo escénico’, es decir como ‘maqueta’, como signo, como representación, una de las constantes en el trabajo de Mateo López. Por ejemplo, en ‘Adentro y en Medio’, su exhibición más reciente llevada a cabo en la Galería Casas-Riegner, el artista construye una réplica de su propio taller, al cual accede el espectador atravesando una pared falsa antecedida por un jardín de mentiras con pasto de papel, que paradójicamente está ’sembrado’ justo en el lugar donde se encontraba el jardín de la vieja casa que ahora es utilizada como galería.
En el exhibición colectiva ‘Lugar/No lugar’, llevada a cabo en diciembre de 2005 en la Casa Republicana de la Biblioteca Luis Ángel Arango, Mateo realizó una pesquiza arquitectónica similar. Hizo el levantamiento del patio central, con la intención de construir una fachada falsa, alentado por el hecho de que las columnas de mármol que lo circundan, no son realmente de mármol. Finalmente nuestro joven artista desiste del escenario y muestra una serie de dibujos que pliegan y deconstruyen en el plano bidimensional, la representación tridimensional isométrica y detallada del sitio mismo. De esta forma el ‘cubo escénico’ se teatraliza, multiplicándose en su ficción. Y nos hace sentir, por un segundo, que el espacio que nos acoje es una maqueta, una invención.
Este juego entre lo falso y lo real adquiere connotaciones políticas en un proyecto anterior astutamente titulado ‘Mímesis’ expuesto en el Centro Colombo-Americano también en 2005. En él Mateo repite diez veces como si de una plana se tratara, el billete de cincuenta dólares: el más falsificado de todos. Cada una de estas mímesis, o reproducciones está realizada a escala 1/1 con lápiz de grafito negro y lápiz color verde sobre papel. La crítica entre lo artesanal y lo mecánico, lo subdesarrollado y lo desarrollado no puede ser más precisa. Así mismo el artista apunta a las consecuencias del imperialismo económico con el que Estados Unidos ha sometido a Latinoamérica mientras nos repite una y otra vez lo que deseamos ser, es decir, calcos de gringos; y lo que deseamos ganar (tener). Mateo observa: “¿Sabía que el 80% de los dólares falsos se hacen en Cali?”
Cuando me equivoco no fallo.
Sin embargo, los billetes de esa serie como los dibujos del patio de la Casa Republicana son deliciosamente manuales, calcos a puro pulso (que parten de objetos reales, fotografias o de representaciones digitales) que no pretenden ser falsificaciones de nivel internacional porque lucen sus notables diferencias respecto a sus ‘originales’. Ahí está otro de sus grandes intereses: la manulidad y el error.
Como si se tratara de un universo paralelo, en ‘Adentro y en Medio’, Mateo repite, de nuevo a escala 1/1, todos los objetos que tiene en su taller. La caja de fósforos, la libreta de dibujos, el periódico, las cajas de cartón, las cuchillas del bisturí, la biruta del lápiz tajado, las escuadras, el vaso desechable de kumis, incluso la invitación a su exposición. Todos estos objetos son construidos a partir de dibujos bidimensionales sobre papel o cartón y que luego, si es necesario, pliega o dobla para construir su cuerpo tridimensional a total semejanza de sus modelos. Pero, recalco, esta mímesis tiene sus errores. El artista se complace en anunciar que “el color se sale de la margen, la línea me queda torcida, lo que parece metal se arruga, lo sólido se escurre…” El truco se evidencia y lo que percibimos como cierto toma tintes surrealistas, de pesadilla.
En ‘Adentro y en Medio’ vemos a Mateo López convirtiendo el cubo blanco de la Galería Casas-Riegner, en un taller de mentiras (como todos los talleres) donde trabajará de verdad del 25 de mayo al 30 de junio de 2006, de 10 am a 1pm y de 2 a 5 pm. En un performance que de una vez por todas (al ser actor de sus propios actos) ilustrará el vínculo que une su proceso con lo teatral, construyendo maquetas, en una labor repetitiva y obsesiva que nos puede parecer futil; pero que es el eco y el señalamiento agudo del proceso histórico de domesticación de esa cosa sobrenatural que es vivir. Proceso de domesticación que ha producido eso que llamamos cultura y que está en todos lados, adentro, en medio y que no es ‘realmente real’ y que a veces, en estados de extrema conciencia, se nos presenta tal cual es: absurda, frágil, torcida, arrugada, sucia, pura basura.
Humberto Junca.
Mayo 2006.
(1) Miguel A. Huertas Sánchez. El Largo Instante de la Percepción. Los años setenta y el crepúsculo del arte en Colombia. Universidad Nacional de Colombia. Colección Sede. 2005.
(2) Erwin Panofski. La Perspectiva como Forma Simbólica. Editorial Tusquets. España.
